El publicista Carlos Alazraki fue descubierto este viernes cobrando “cuotas de piso” de $35,000 pesos mensuales a 18 restaurantes de comida gourmet en Polanco, Ciudad de México, amenazándolos con clausuras sanitarias fraudulentas de Cofepris si no pagaban. La operación criminal generó $6.3 millones de pesos durante 10 meses mientras falsificaba actas de inspección con sellos apócrifos, hasta que el chef desesperado Eduardo Ramírez instaló cámaras ocultas en su establecimiento Quintonil y grabó el momento exacto donde Alazraki exigía el soborno amenazando con “encontrar cucarachas donde no las hay”, entregando el video a autoridades junto con 34 audios de WhatsApp donde coordinaba las extorsiones con 3 inspectores corruptos.
Según la carpeta de investigación CI-FGR/CDMX/2025/8847, Alazraki operaba el esquema desde marzo de 2024 visitando personalmente restaurantes como Pujol, Contramar y Rosetta ubicados en Polanco entre Presidente Masaryk y Horacio. “Llegaba con inspectores falsos amenazando con cerrar el lugar si no cooperábamos. Fue aterrador”, declaró Roberto Sánchez, gerente de Contramar. El video grabado el pasado 18 de enero a las 14:30 horas muestra claramente a Alazraki diciendo: “O me pagas los $35,000 mensuales o mañana Cofepris encuentra 40 cucarachas en tu cocina”.
Los 34 audios de WhatsApp filtrados revelan coordinación con inspectores identificados como Juan Pérez, María López y Carlos Mendoza, quienes recibían 40% de las ganancias depositadas en cuentas de Banco Azteca. “Depositaban $14,000 pesos quincenales a cada inspector. Las transferencias están completamente documentadas”, confirmó el fiscal Fernando Castillo. Estados de cuenta bancarios incautados muestran $2,520,000 pesos depositados en cuentas de los cómplices entre abril de 2024 y enero de 2025.
La abogada Laura Méndez, representante de 12 restaurantes afectados, presentó denuncia colectiva por extorsión agravada. Alazraki, señalado previamente por contratos millonarios con gobiernos del PRI y PAN, enfrenta hasta 15 años de prisión. Cofepris confirmó que los sellos utilizados eran completamente apócrifos y abrió investigación interna contra empleados infiltrados.


